miércoles, 27 de mayo de 2020

CUELLO DURO de ELSA BORNEMANN

–¡Aaay! ¡No puedo mover el cuello! –gritó de repente la jirafa Caledonia. Y era cierto: no podía moverlo ni para un costado, ni para el otro: ni hacia adelante ni hacia atrás... Su larguísimo cuello parecía almidonado. Caledonia se puso a llorar. Sus lágrimas cayeron sobre una flor. Sobre la flor estaba sentada una abejita –¡Llueve! –exclamó la abejita. Y miró hacia arriba. Entonces vio a la jirafa. –¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? –¡Buaaa! ¡No puedo mover el cuello! Y a la abejita se le ocurrió una gran idea para ayudar a Caledonia...


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