El negrito Domingo
de Cecilia Gazzaniga
Con sus hermosos peinetones y sus graciosos abanicos, Misia Mariquita
y las otras damas patriotas conversaban en el gran salón, frente a la ventana.
y las otras damas patriotas conversaban en el gran salón, frente a la ventana.
Junto a ellas, los señores comentaban las grandes novedades que se avecinaba
ese hermoso día de Mayo de 1810.
ese hermoso día de Mayo de 1810.
Desde la calle se escuchaban sin cesar los pregones de los vendedores:
- Agua, agüita, para tomar bien fresquita...
- Mazamorra caliente, para las viejas sin diente...
- Leche, leche blanquita, para tomar en tacita..
.- Escobas, escobitas, para dejar la casa limpita... -decía el negrito Domingo,
que por si no lo saben, era muy, pero muy curioso. Y de tan curioso que era, quería saber
cuáles eran las noticias de las que hablaban los grandes señores y las elegantes damas.
que por si no lo saben, era muy, pero muy curioso. Y de tan curioso que era, quería saber
cuáles eran las noticias de las que hablaban los grandes señores y las elegantes damas.
Entonces, el muy pícaro decidió cambiar su pregón:
- Mis escobas limpian solas... ¡Son escobas encantadas que me fabrican las hadas!
Cuando escucharon a Domingo, las damas y caballeros se asomaron a la ventana,
muy intrigados y lo invitaron a pasar, para poder observar de cerca esas maravillosas escobas.
muy intrigados y lo invitaron a pasar, para poder observar de cerca esas maravillosas escobas.
- Sí, señoras y señores... ¡Son escobas mágicas! ¿Quieren verlas? -decía mientras intentaba
que una de las escobitas se parara sola y comenzara a barrer el salón.
que una de las escobitas se parara sola y comenzara a barrer el salón.
Y por supuesto, como la magia no le salió, las damas comenzaron a mirarlo con desconfianza.
Entonces Domingo, muy avergonzado y con la cara tan roja como un tomate,
les confesó: - Bueno... en realidad las escobas no están encantadas... Era una pequeña
mentira para poder entrar aquí y enterarme de las buenas nuevas… ¡Es que soy
muy curioso! Entonces Misia Mariquita y las otras damas lo perdonaron y enseguida
le contaron la gran novedad: ¡Desde ahora somos libres!
Entonces Domingo, muy avergonzado y con la cara tan roja como un tomate,
les confesó: - Bueno... en realidad las escobas no están encantadas... Era una pequeña
mentira para poder entrar aquí y enterarme de las buenas nuevas… ¡Es que soy
muy curioso! Entonces Misia Mariquita y las otras damas lo perdonaron y enseguida
le contaron la gran novedad: ¡Desde ahora somos libres!
Y el negrito Domingo se fue muy contento a decírselo rápido a todos sus amigos en la plaza
¡Era una noticia muy importante!
Cecilia Gazzaniga es docente de Concordia- Entre Ríos
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